jueves, 20 de mayo de 2010

(sin título)

Hoy vi a una chica que se parecía mucho a A. Era morena (un poco más morena que A.), bajita (un poco más alta que A.), y tenía el pelo rizado (un poco más que A.) Además de eso, era muy hermosa (como A.), por un momento pensé que era ella y a pesar de su mirada baja, porque leía un folleto, traté de resolver si era o no.

Me puse muy nervioso, porque quería verla desde hace mucho. De verla y volverla a tener, de tenerla y volverla a querer.

Pero después de ver que no era A. y darme cuenta de que también tenía una muy buena figura, unas nalgas firmes, pulposas, y una cara por demás linda y agraciada, una sola cosa más llamó mi atención, su apenas leve papada acentuada por leer el folleto con la mirada baja. Dos líneas, sólo dos, marcaban ese abultamiento carnal, dos líneas, un poco más blancas que su piel morena, que delimitaban a la mandíbula y al cuello: una papada fina, no molesta, apenas perceptible como aquélla de A., quien al ser penetrada bajaba su cabeza para verme, mostrándola.

1 comentario:

Raciel Quirino dijo...

hola, Yeicko. La chelas siguen pendientes. No sabe s lo grata sorpresa que me llevé con tus textos. Me da gusto que nos comencemos a tratar. Un abrazo, carnal.