No jugarás con hipocondría de las personas
I
Es claro que cualquier evento que los medios sobredimensionen puede causar en las poblaciones de las grandes metrópolis una paranoia total. Era la época del primer brote grave de influencia H1N1. Yo estaba en el vagón del metro de la ciudad de México, cuando, sin querer, le metí el pie a una señora. Me volteé para pedirle una disculpa. “Estúpido”, me increpó. Y yo me encabroné. Nos enzarzamos en una discusión estúpida, donde los insultos no estuvieron de más. Yo, con la cabeza más caliente que nada, al ver que la señora no entendía que no le había metido el pie a propósito, decidí hacer algo inaudito. Me bajé el tapabocas y le tosí directamente en su cara. Algunas personas me miraron sorprendidas, otras murmuraron molestas y sólo algunos se rieron, pero nadie se levantó para recriminarme mi acción; tanto miedo tenían. Decidí lapidar la discusión. “Espero te dé influencia”. En la siguiente estación, me bajé, visiblemente enojado, pensando en el desenlace de aquella infortunada trifulca, en que quizá pudo haber habido un desenlace más excepcional que falsificara y redimensionara los hechos.
II
En el vagón del metro, una señora me gritó “estúpido”, cuando, sin querer, le metí el pie. Yo me encabroné, porque intenté disculparme y ella seguía increpándome mi falta de atención. Me enredé en una discusión estúpida y con la cabeza más caliente que nada hice algo inaudito. Me bajé el tapabocas y antes de poderle toser en la cara salieron dos policías y me cubrieron con un tapabocas que ellos traían y luego me esposaron. Me bajaron a empellones del vagón y perdí el conocimiento; no sé si por un golpe que ellos me dieron o por verme esposado. Cuando desperté, estaba en una sala blanca, con largos asientos de metal inoxidable, donde habían muchas personas como yo: esposadas y con un tapabocas de la PFP. En la parte alta de un mostrador que había al final de la sala, había un letrero que decía “Agencia para Prevención de Paranoia Ciudadana ante Posibles Brotes Infecciosos y Epidémicos APPCPBIE (acrónimo impronunciable)”. Casi me cago en los pantalones. Estaba como en una película gringa de conspiración pero a la mexicana.
III
Un día una señora se molestó conmigo porque tropecé con ella. A pesar de explicarle que había sido un accidente, la señora seguía recriminándome mi falta de atención. Le dolía el talón y el empeine. Se enojó y me gritó. Le grité de regreso y ella a mí. Dos personas trataron de calmarnos, y lo hicimos. Aunque murmurábamos. Nos vimos a distancia prudente. Ella escupía un poco al hablar, o así me pareció. De pronto, la señora deslizó un “pendejo” que me prendió más. Yo le grité otra vez. Ella se alejó y nunca más la volví a ver. Pinche gente cabrona.
sábado, 7 de abril de 2012
Diario de un ojete, entrada número nueve
miércoles, 4 de abril de 2012
Oficios número 1
Mi nombre es Jaime Jaramillo y mi brazo izquierdo está híper desarrollado. Soy de tez blanca y de complexión delgada. Tengo 42 años y he trabajado desde hace veinte empacando copas en cajas. Es un trabajo mecánico, fácil de hacer, pero que requiere mucha responsabilidad. Las copas que yo empaco no son comunes, es cristalería fina fina y nuestros clientes son tan exclusivos que no puedo ni siquiera pensar en sus nombres (cláusula de confidencialidad). Mi trabajo es muy bien remunerado y tenemos un doctor altamente especializado que nos atiende de todos los males laborales que nos pudieran aquejar.
Hace unos 17 años fue cuando mi brazo izquierdo comenzó a crecer. Empezó como una cosa cualquiera, mi brazo izquierdo estaba más desarrollado y mucho más fuerte y marcado, mientras que el derecho permanecía lánguido. Para ese entonces, hacía tres años que trabajaba en la empresa. Pero conforme pasaba el tiempo, mi brazo empezó a parecer el de un fisicoculturista. Ahora, con 42, ni siquiera el de Schwarzenegger en sus mejores tiempos es comparable. Desde los deltoides hasta los extensores de la mano tienen mínimo el doble de tamaño. Mi bíceps parece una manzana, incluso en reposo, y los tríceps son tres veces más grandes. Están duros como una piedra.
El doctor y yo estamos sorprendidos. Y no sabemos cuáles son las causas. Todo mi cuerpo es normal a excepción del brazo izquierdo. Incluso me han dado incapacidad para que vaya a visitar a los especialistas más renombrados y logren darme, aunque sea, una explicación a mi padecimiento, que, anoto, no impide desarrollar mis actividades diarias, pero sí da mala imagen a la empresa. Nuestros clientes son tan exclusivos y mamones que no podrían tolerar, ni en sueños, que sus copas traslúcidas fueran empacadas por un fenómeno como yo.
Mi nombre es Jaime Jaramillo y tengo 42 años de edad. Desde hace veinte trabajo empacando copas en cajas. Mis movimientos laborales se limitan sólo a mover el brazo izquierdo para recoger las copas. Me agacho un poco flexionando las rodillas y con la mano izquierda recojo la copa que no es ligera (alrededor de medio kilo). Las levanto sólo con el brazo izquierdo y la guardo en una caja. Cuando la caja está llena (12 copas), cierro las tapas con la mano derecha. Esta operación la hago alrededor de 2400 veces al día para cumplir con la cuota señalada de empacar 200 cajas. He desarrollado esta tarea durante años y para mover sólo el brazo izquierdo me pagan muy bien, además de que tengo seguro médico con los más renombrados especialistas.
Hace unos 17 años fue cuando mi brazo izquierdo comenzó a crecer. Empezó como una cosa cualquiera, mi brazo izquierdo estaba más desarrollado y mucho más fuerte y marcado, mientras que el derecho permanecía lánguido. Para ese entonces, hacía tres años que trabajaba en la empresa. Pero conforme pasaba el tiempo, mi brazo empezó a parecer el de un fisicoculturista. Ahora, con 42, ni siquiera el de Schwarzenegger en sus mejores tiempos es comparable. Desde los deltoides hasta los extensores de la mano tienen mínimo el doble de tamaño. Mi bíceps parece una manzana, incluso en reposo, y los tríceps son tres veces más grandes. Están duros como una piedra.
El doctor y yo estamos sorprendidos. Y no sabemos cuáles son las causas. Todo mi cuerpo es normal a excepción del brazo izquierdo. Incluso me han dado incapacidad para que vaya a visitar a los especialistas más renombrados y logren darme, aunque sea, una explicación a mi padecimiento, que, anoto, no impide desarrollar mis actividades diarias, pero sí da mala imagen a la empresa. Nuestros clientes son tan exclusivos y mamones que no podrían tolerar, ni en sueños, que sus copas traslúcidas fueran empacadas por un fenómeno como yo.
Mi nombre es Jaime Jaramillo y tengo 42 años de edad. Desde hace veinte trabajo empacando copas en cajas. Mis movimientos laborales se limitan sólo a mover el brazo izquierdo para recoger las copas. Me agacho un poco flexionando las rodillas y con la mano izquierda recojo la copa que no es ligera (alrededor de medio kilo). Las levanto sólo con el brazo izquierdo y la guardo en una caja. Cuando la caja está llena (12 copas), cierro las tapas con la mano derecha. Esta operación la hago alrededor de 2400 veces al día para cumplir con la cuota señalada de empacar 200 cajas. He desarrollado esta tarea durante años y para mover sólo el brazo izquierdo me pagan muy bien, además de que tengo seguro médico con los más renombrados especialistas.
sábado, 31 de marzo de 2012
Invitación a alguien a quien no me atrevo a invitar
Quisiera elevarme
contigo
hasta respirar aire frío.
Congelarme y no
como Ícaro
arder hasta caer.
Porque yo quiero incendiarme
desde abajo
y contigo subir hasta enfriarnos
y entonces sí
bajar
para elevarnos
otra vez.
Pero admito
tengo miedo de decírtelo.
Y
aunque esto
si lo lees
es una invitación a salir
tu sonrisa
marca liviana que diluye tus labios en una delgada línea
me congela
aunque me prende.
contigo
hasta respirar aire frío.
Congelarme y no
como Ícaro
arder hasta caer.
Porque yo quiero incendiarme
desde abajo
y contigo subir hasta enfriarnos
y entonces sí
bajar
para elevarnos
otra vez.
Pero admito
tengo miedo de decírtelo.
Y
aunque esto
si lo lees
es una invitación a salir
tu sonrisa
marca liviana que diluye tus labios en una delgada línea
me congela
aunque me prende.
domingo, 4 de marzo de 2012
El diario de un ojete, entrada número ocho
Protuberancia
Santo cielo; el vómito y la sorpresa casi sobrepasan mi esófago. Acabo de ver de espaldas a un ser vestido de hombre joven a la moda. Con pantalón mezclilla claro, suéter rosa atado al cuello y playera blanca tipo polo. Y ¡oh sorpresa vomitiva! cuando descubrí su perfil de tres cuartos. Descubrí a un no hombre, a un ser con una protuberancia descomunal en la papada. Un protuberancia tal que emergía desde adentro de su cuello, subcutánea.
Eso, la protuberancia, estaba a la altura de la garganta e invadía toda la parte la parte inferior de su mandíbula. Si hubiera sido una protuberancia redonda y lisa, quizá la hubiera tolerado, pero no, era una llena de imperfecciones, una protuberancia con pequeñas protuberancias con (cosa que no vi pero supongo) negros vellos gruesos emergiendo de ellas. Había partes que se abultaban más que otras y permitían a las lisas, que eran pocas, verse normales.
Sólo lo vi un segundo, lo que duró mi mirada distraída que, conforme yo registraba el hecho asqueroso, huía desquiciada.
Cuando ponderé lo que me acababa de pasar, me dije a mí mismo: “A simple vista parece alguien normal”. Pero no lo era. De pronto descubrí que alguien estaba viendo fijamente mi nariz, que tengo chueca, haciéndose el occiso cuando lo sorprendí haciéndolo.
¡Hijo de puta! No soy por mi nariz quien soy.
Santo cielo; el vómito y la sorpresa casi sobrepasan mi esófago. Acabo de ver de espaldas a un ser vestido de hombre joven a la moda. Con pantalón mezclilla claro, suéter rosa atado al cuello y playera blanca tipo polo. Y ¡oh sorpresa vomitiva! cuando descubrí su perfil de tres cuartos. Descubrí a un no hombre, a un ser con una protuberancia descomunal en la papada. Un protuberancia tal que emergía desde adentro de su cuello, subcutánea.
Eso, la protuberancia, estaba a la altura de la garganta e invadía toda la parte la parte inferior de su mandíbula. Si hubiera sido una protuberancia redonda y lisa, quizá la hubiera tolerado, pero no, era una llena de imperfecciones, una protuberancia con pequeñas protuberancias con (cosa que no vi pero supongo) negros vellos gruesos emergiendo de ellas. Había partes que se abultaban más que otras y permitían a las lisas, que eran pocas, verse normales.
Sólo lo vi un segundo, lo que duró mi mirada distraída que, conforme yo registraba el hecho asqueroso, huía desquiciada.
Cuando ponderé lo que me acababa de pasar, me dije a mí mismo: “A simple vista parece alguien normal”. Pero no lo era. De pronto descubrí que alguien estaba viendo fijamente mi nariz, que tengo chueca, haciéndose el occiso cuando lo sorprendí haciéndolo.
¡Hijo de puta! No soy por mi nariz quien soy.
miércoles, 16 de marzo de 2011
El monje furioso (anónimo cuento chino)
Dos monjes zen iban cruzando un río. Se encontraron con una mujer muy joven y hermosa que también quería cruzar, pero tenía miedo.
Así que un monje la subió sobre sus hombros y la llevó hasta la otra orilla.
El otro monje estaba furioso. No dijo nada pero hervía por dentro. Eso estaba prohibido. Un monje budista no debía tocar una mujer y este monje no sólo la había tocado, sino que la había llevado sobre los hombros.
Recorrieron varias leguas. Cuando llegaron al monasterio, mientras entraban, el monje que estaba enojado se volvió hacia el otro y le dijo:
—Tendré que decírselo al maestro. Tendré que informar acerca de esto. Está prohibido.
—¿De que estás hablando? ¿Qué está prohibido? —le dijo el otro.
—¿Te has olvidado? Llevaste a esta hermosa mujer sobre tus hombros —dijo el que estaba enojado.
El otro monje se rió y luego dijo:
—Sí, yo la llevé. Pero la dejé en el río, muchas leguas atrás. Tú todavía la estás cargando...
Así que un monje la subió sobre sus hombros y la llevó hasta la otra orilla.
El otro monje estaba furioso. No dijo nada pero hervía por dentro. Eso estaba prohibido. Un monje budista no debía tocar una mujer y este monje no sólo la había tocado, sino que la había llevado sobre los hombros.
Recorrieron varias leguas. Cuando llegaron al monasterio, mientras entraban, el monje que estaba enojado se volvió hacia el otro y le dijo:
—Tendré que decírselo al maestro. Tendré que informar acerca de esto. Está prohibido.
—¿De que estás hablando? ¿Qué está prohibido? —le dijo el otro.
—¿Te has olvidado? Llevaste a esta hermosa mujer sobre tus hombros —dijo el que estaba enojado.
El otro monje se rió y luego dijo:
—Sí, yo la llevé. Pero la dejé en el río, muchas leguas atrás. Tú todavía la estás cargando...
jueves, 10 de marzo de 2011
El diario de un ojete, entrada número siete
No lo tomé como un mal presagio, pero había un palomilla negra ahogada en el fondo de mi escusado. Sólo para ver si seguía viva y que no habría de volar mientras yo hiciera mis necesidades sólidas, le mee encima. A veces se hundía, otras aleteaba como intentando elevarse. Pero no podía. Las orillas de sus alas se quedaban pegadas al agua formando pequeños arcos.
Se movió una última vez cuando, en círculos concéntricos, se iba quién sabe a dónde junto a mi mierda. Sentí una pizca de remordimiento… por no haber sentido remordimiento. Ni modo, todos estamos a merced de los chubascos; la naturaleza es implacable con cada uno de nosotros. Me pregunto, ¿qué me deparará a mí?
P.D. Al día siguiente, y esto es verídico, que me levanté y fui por primera vez al baño, la palomilla seguía ahí, algo maltratada, pero ahí, muerta.
Se movió una última vez cuando, en círculos concéntricos, se iba quién sabe a dónde junto a mi mierda. Sentí una pizca de remordimiento… por no haber sentido remordimiento. Ni modo, todos estamos a merced de los chubascos; la naturaleza es implacable con cada uno de nosotros. Me pregunto, ¿qué me deparará a mí?
P.D. Al día siguiente, y esto es verídico, que me levanté y fui por primera vez al baño, la palomilla seguía ahí, algo maltratada, pero ahí, muerta.
martes, 1 de marzo de 2011
El diario de un ojete, entrada número seis
Clases de conducir
Valga mencionar que de culeros el mundo está lleno y no sólo existo yo. Anecdóticamente, recuerdo un día en el que una madre regañaba, a muy altos decibeles, a su hijo frente a todo el mundo por haberse equivocado en algo que ahora no tengo claro. La cara del niño, compungida, mezclaba la pena de verse regañado y la de verse regañado frente a todos.
Hace un par de días iba manejando en una calle de dos carriles, a lo lejos, poco antes de un tope, vi a un coche de una escuela de manejo que, detenido, estaba ocupando los dos carriles sin dejar pasar a nadie; mi coche, que es pequeño, logró entrar y bajé el vidrio sólo para recriminarle al aprendiz de conductor, un joven de unos 35 años, que era un pendejo (seguro se le apagó el motor tratando de sacar la primera, error común y frustrante si te empiezan a presionar con pitídos y gritos).
—¡Imbécil! —le grite.
Lo siguiente me tomó por sorpresa pues no lo esperaba. El conductor con la mirada baja no se inmutó, pero del otro lado del coche el maestro se bajó y con un pie dentro del coche y la cabeza asomando encima del techo y una mano inquisidora levantada, me gritó:
—Conste que se lo gritas a él que no a mí; porque la culpa es sólo suya y no mía.
Puse primera y me alejé. Por el retrovisor vi cómo el maestro se metió y cerró la puerta; su alumno seguía, sin éxito, tratando de arrancar el coche. A la distancia yo ya solo veía las luces que se prendían y se apagaban acompasadamente, y medité la situación. El fallido conductor tenía la misma cara que el niño cuando lo regañaron frente a todos, cabizbajo y compungido, pero el maestro ostentaba una sonrisa muy peculiar. El nivel interpretativo de lo que había presenciado era vasto y me dije a mí mismo: “Mí mismo, en este mundo hay de todo, y de ojetes, para muestra un botón”.
Fue un día muy bello para mí.
Por Jaime Jaramillo
Valga mencionar que de culeros el mundo está lleno y no sólo existo yo. Anecdóticamente, recuerdo un día en el que una madre regañaba, a muy altos decibeles, a su hijo frente a todo el mundo por haberse equivocado en algo que ahora no tengo claro. La cara del niño, compungida, mezclaba la pena de verse regañado y la de verse regañado frente a todos.
Hace un par de días iba manejando en una calle de dos carriles, a lo lejos, poco antes de un tope, vi a un coche de una escuela de manejo que, detenido, estaba ocupando los dos carriles sin dejar pasar a nadie; mi coche, que es pequeño, logró entrar y bajé el vidrio sólo para recriminarle al aprendiz de conductor, un joven de unos 35 años, que era un pendejo (seguro se le apagó el motor tratando de sacar la primera, error común y frustrante si te empiezan a presionar con pitídos y gritos).
—¡Imbécil! —le grite.
Lo siguiente me tomó por sorpresa pues no lo esperaba. El conductor con la mirada baja no se inmutó, pero del otro lado del coche el maestro se bajó y con un pie dentro del coche y la cabeza asomando encima del techo y una mano inquisidora levantada, me gritó:
—Conste que se lo gritas a él que no a mí; porque la culpa es sólo suya y no mía.
Puse primera y me alejé. Por el retrovisor vi cómo el maestro se metió y cerró la puerta; su alumno seguía, sin éxito, tratando de arrancar el coche. A la distancia yo ya solo veía las luces que se prendían y se apagaban acompasadamente, y medité la situación. El fallido conductor tenía la misma cara que el niño cuando lo regañaron frente a todos, cabizbajo y compungido, pero el maestro ostentaba una sonrisa muy peculiar. El nivel interpretativo de lo que había presenciado era vasto y me dije a mí mismo: “Mí mismo, en este mundo hay de todo, y de ojetes, para muestra un botón”.
Fue un día muy bello para mí.
Por Jaime Jaramillo
sábado, 26 de febrero de 2011
Poesía (de Xavier Villaurrutia)
Eres la compañía con quien hablo
de pronto, a solas.
Te forman las palabras
que salen del silencio
y del tanque de sueño en que me ahogo
libre hasta despertar.
Tu mano metálica
endurece la prisa de mi mano
y conduce la pluma
que traza en el papel su litoral.
Tu voz, hoz de eco
es el rebote de mi voz en el muro,
y en tu piel de espejo
me estoy mirando mirarme por mil Argos,
por mí largos segundos.
Pero el menor ruido te ahuyenta
y te veo salir
por la puerta del libro
o por el atlas del techo,
por el tablero del piso
o la página del espejo,
y me dejas
sin más pulso ni voz y sin más cara,
sin máscara como un hombre desnudo
en medio de una calle de miradas.
Reflejos
de pronto, a solas.
Te forman las palabras
que salen del silencio
y del tanque de sueño en que me ahogo
libre hasta despertar.
Tu mano metálica
endurece la prisa de mi mano
y conduce la pluma
que traza en el papel su litoral.
Tu voz, hoz de eco
es el rebote de mi voz en el muro,
y en tu piel de espejo
me estoy mirando mirarme por mil Argos,
por mí largos segundos.
Pero el menor ruido te ahuyenta
y te veo salir
por la puerta del libro
o por el atlas del techo,
por el tablero del piso
o la página del espejo,
y me dejas
sin más pulso ni voz y sin más cara,
sin máscara como un hombre desnudo
en medio de una calle de miradas.
Reflejos
sábado, 5 de febrero de 2011
Azatoth/H. P. Lovecraft
En el vacío sin sentido, el demonio me arrastró
más allá de brillantes conjuntos de espacio dimensionado,
hasta que ni siquiera el tiempo ni la materia se desplegó ante mí,
únicamente el Caos, sin forma ni lugar.
Aquí, el inmenso Señor de Todo masculló
cosas que había soñado pero no podía entender,
mientras cerca de él, informes murciélagos aletearon y revolotearon
en torbellinos idiotas avivados por corrientes luminosas.
Ellos bailaron demencialmente con el agudo y quedo gemido
de una flauta rota atrapada en una garra monstruosa,
de donde fluyen las olas sin sentido, cuyas fortuitas combinaciones
a cada frágil cosmos su ley eterna dan.
“Yo soy su mensajero”, dijo el demonio
y con desprecio golpeó la cabeza de su amo.
*Azathoth es una criatura creada por la inverosímil imaginación de H. P. Lovecraft.
Out in the mindless void the daemon bore me,
Past the bright clusters of dimensioned space,
Till neither time nor matter stretched before me,
But only Chaos, without form or place.
Here the vast Lord of All in darkness muttered
Things he had dreamed but could not understand,
While near him shapeless bat-things flopped and fluttered
In idiot vortices that ray-streams fanned.
They danced insanely to the high, thin whining
Of a cracked flute clutched in a monstrous paw,
Whence flow the aimless waves whose chance combining
Gives each frail cosmos its eternal law.
"I am His Messenger," the daemon said,
As in contempt he struck his Master's head.
más allá de brillantes conjuntos de espacio dimensionado,
hasta que ni siquiera el tiempo ni la materia se desplegó ante mí,
únicamente el Caos, sin forma ni lugar.
Aquí, el inmenso Señor de Todo masculló
cosas que había soñado pero no podía entender,
mientras cerca de él, informes murciélagos aletearon y revolotearon
en torbellinos idiotas avivados por corrientes luminosas.
Ellos bailaron demencialmente con el agudo y quedo gemido
de una flauta rota atrapada en una garra monstruosa,
de donde fluyen las olas sin sentido, cuyas fortuitas combinaciones
a cada frágil cosmos su ley eterna dan.
“Yo soy su mensajero”, dijo el demonio
y con desprecio golpeó la cabeza de su amo.
*Azathoth es una criatura creada por la inverosímil imaginación de H. P. Lovecraft.
Out in the mindless void the daemon bore me,
Past the bright clusters of dimensioned space,
Till neither time nor matter stretched before me,
But only Chaos, without form or place.
Here the vast Lord of All in darkness muttered
Things he had dreamed but could not understand,
While near him shapeless bat-things flopped and fluttered
In idiot vortices that ray-streams fanned.
They danced insanely to the high, thin whining
Of a cracked flute clutched in a monstrous paw,
Whence flow the aimless waves whose chance combining
Gives each frail cosmos its eternal law.
"I am His Messenger," the daemon said,
As in contempt he struck his Master's head.
martes, 11 de enero de 2011
Diario de un ojete, entrada número cinco
El cerillo
Hay en mi familia, por parte de mi mamá, un gen hereditario que es explosivísimo. Varios de los conflictos familiares más graves se han suscitado exactamente por la explosividad que todos tenemos, mi madre la que menos. El caso es que una simple chispa termina en una detonación de tamaños mayúsculos pero que se sofoca casi inmediatamente con una estela de culpa muy marcada.
En la calle en la que vivo hay una mujer que es golpeada por su esposo. Sucedió que yo estacioné mi coche en la entrada de mi casa tapando un poco la acera para el paso de los peatones. La vecina, que es muy enojona, me recriminó con acritud. Yo, valga decir, traía prisa y la mandé a chingar a su madre. Nos enzarzamos en una discusión tonta. Algo le dije que le molestó mucho y me dijo: “Muchachito, sólo no me faltes el respeto”. A lo que yo, francamente encabronado, le contesté: “Pero si a usted se lo faltan todos los días en su casa, y su marido”.
Su semblante su puso lívido y no entiendo todavía cómo no me soltó una bofetada. Yo me quedé callado, murmurando el eco mental de mis palabras. Me di media vuelta y me metí en mi casa, pensando en este gen tan desastroso que tantos despropósitos me ha hecho cometer y con la culpa que rayaba mi consciencia intranquila. Ya no he vuelto a estacionar mi coche frente a mi entrada y tampoco le he vuelto a mencionar, ni siquiera tangencialmente, la violencia interfamiliar.
Hay en mi familia, por parte de mi mamá, un gen hereditario que es explosivísimo. Varios de los conflictos familiares más graves se han suscitado exactamente por la explosividad que todos tenemos, mi madre la que menos. El caso es que una simple chispa termina en una detonación de tamaños mayúsculos pero que se sofoca casi inmediatamente con una estela de culpa muy marcada.
En la calle en la que vivo hay una mujer que es golpeada por su esposo. Sucedió que yo estacioné mi coche en la entrada de mi casa tapando un poco la acera para el paso de los peatones. La vecina, que es muy enojona, me recriminó con acritud. Yo, valga decir, traía prisa y la mandé a chingar a su madre. Nos enzarzamos en una discusión tonta. Algo le dije que le molestó mucho y me dijo: “Muchachito, sólo no me faltes el respeto”. A lo que yo, francamente encabronado, le contesté: “Pero si a usted se lo faltan todos los días en su casa, y su marido”.
Su semblante su puso lívido y no entiendo todavía cómo no me soltó una bofetada. Yo me quedé callado, murmurando el eco mental de mis palabras. Me di media vuelta y me metí en mi casa, pensando en este gen tan desastroso que tantos despropósitos me ha hecho cometer y con la culpa que rayaba mi consciencia intranquila. Ya no he vuelto a estacionar mi coche frente a mi entrada y tampoco le he vuelto a mencionar, ni siquiera tangencialmente, la violencia interfamiliar.
jueves, 2 de diciembre de 2010
me apeno cuando caigo en cuenta
de que soy sólo un bruto animal
cuyas falacias y apariencias
de la inteligencia
no son más que quimeras que se desvanecen ante ti
yo que soy poeta
lector de mundos e inteligencias
caigo abierto cuando estoy contigo
no puedo ocultar lo mucho que me gustas
ni ante ti y menos ante mí
a pesar de razonar todo lo que tengo que razonar
me gustaría no sentir nada pero
no
sucumbo ante el encanto de verte recoger tus cabellos
o de verte simplemente hablar
o de los códigos que envías y que quizá yo entiendo distintos
y que tú todavía no sabes descifrar
o de cosas tan pequeñas que ni cuenta me doy de ellas
aquí
es donde me da pena porque no puedo hacer nada para evitarlo
y como un niño de quince años actúo sin control
en desbandada
siento coraje y cómo mis impulsos crecen cuando estás
aquí
viéndome a mí
desnudo
si tan sólo mis ojos no hablaran
y no te vieran
y me convirtieran en un bruto animal
dormido
y en un inteligente humano
presumido
ante ti controlado
sin este maldito coraje de saber que junto a ti me consumo
y me derrito como una vela que no te alumbra
nada
no sé cómo lo hiciste
pero hoy me hiciste llorar
sin siquiera
lastimarme
de que soy sólo un bruto animal
cuyas falacias y apariencias
de la inteligencia
no son más que quimeras que se desvanecen ante ti
yo que soy poeta
lector de mundos e inteligencias
caigo abierto cuando estoy contigo
no puedo ocultar lo mucho que me gustas
ni ante ti y menos ante mí
a pesar de razonar todo lo que tengo que razonar
me gustaría no sentir nada pero
no
sucumbo ante el encanto de verte recoger tus cabellos
o de verte simplemente hablar
o de los códigos que envías y que quizá yo entiendo distintos
y que tú todavía no sabes descifrar
o de cosas tan pequeñas que ni cuenta me doy de ellas
aquí
es donde me da pena porque no puedo hacer nada para evitarlo
y como un niño de quince años actúo sin control
en desbandada
siento coraje y cómo mis impulsos crecen cuando estás
aquí
viéndome a mí
desnudo
si tan sólo mis ojos no hablaran
y no te vieran
y me convirtieran en un bruto animal
dormido
y en un inteligente humano
presumido
ante ti controlado
sin este maldito coraje de saber que junto a ti me consumo
y me derrito como una vela que no te alumbra
nada
no sé cómo lo hiciste
pero hoy me hiciste llorar
sin siquiera
lastimarme
martes, 16 de noviembre de 2010
Siéntate, por favor
Esta felicidad, sentirme en este estado,
pensar tu cara aún por mí no gobernada
ni por mis besos ni caricias exaltada,
Me demanda, caliente, al atisbar cifrado.
Yo no puedo decirte dónde, mas otro lado
hay en donde cerrarás tus párpados amada
cuando vea las formas de reducirte centrada
al éxtasis gemido, obsceno grito de tu estado.
Aunque quieras o no, tu sonrisa exquisita,
tu sentar increíble que desmaya enmallado
incita al beso alto que evitas y no das
nada más; te lo digo yo así, estás súper rica,
cuando sentando terso tu sentar apretado
el latido vital crece en torno a mí asaz.
México D.F.
pensar tu cara aún por mí no gobernada
ni por mis besos ni caricias exaltada,
Me demanda, caliente, al atisbar cifrado.
Yo no puedo decirte dónde, mas otro lado
hay en donde cerrarás tus párpados amada
cuando vea las formas de reducirte centrada
al éxtasis gemido, obsceno grito de tu estado.
Aunque quieras o no, tu sonrisa exquisita,
tu sentar increíble que desmaya enmallado
incita al beso alto que evitas y no das
nada más; te lo digo yo así, estás súper rica,
cuando sentando terso tu sentar apretado
el latido vital crece en torno a mí asaz.
México D.F.
sábado, 13 de noviembre de 2010
Sin título
Manejo la pluma como una extensión de mi pensamiento que vierte en crípticas (y luego no tanto) líneas lo que pienso e imagino. Soy un ser que raciocina y analiza. Mi extensión ya no lo es tanto el cuerpo, pero sí mi pluma que escribe.
Allá a lo lejos, siempre bien observadas, las actrices utilizan su cuerpo como una extensión de su pensamiento. Y esto atrae y gobierna mi mente, que simplemente observa pensando a quien piensa actuando.
1 abril, 2009
México D. F.
Allá a lo lejos, siempre bien observadas, las actrices utilizan su cuerpo como una extensión de su pensamiento. Y esto atrae y gobierna mi mente, que simplemente observa pensando a quien piensa actuando.
1 abril, 2009
México D. F.
sábado, 19 de junio de 2010
Reverberación
La luz de la vela reverbera en la pared laqueada de la puerta de entrada.
Con suntuosidad y sensualidad
el aire se torna asfixiante,
no por opresor
sino por las ideas que me asaltan
y obligan a tomar la pluma
que estos versos escribe
sin saber a dónde llegarán.
Pero mi mente obscena y obsesiva se imagina tu vagina
iluminada por la luz de las bujías.
Mostrando las sombras sugerentes de tus huecos,
las líneas oscuras de tus vellos
y la carne apretada como de moluscos secos,
que pide a gritos la sal de la saliva de una lengua mojada
para abrir el pétalo de tu sexo en oquedad.
Con suntuosidad y sensualidad
el aire se torna asfixiante,
no por opresor
sino por las ideas que me asaltan
y obligan a tomar la pluma
que estos versos escribe
sin saber a dónde llegarán.
Pero mi mente obscena y obsesiva se imagina tu vagina
iluminada por la luz de las bujías.
Mostrando las sombras sugerentes de tus huecos,
las líneas oscuras de tus vellos
y la carne apretada como de moluscos secos,
que pide a gritos la sal de la saliva de una lengua mojada
para abrir el pétalo de tu sexo en oquedad.
miércoles, 2 de junio de 2010
Diario de un ojete, entrada número cuatro
No entendí por qué todos se enojaron cuando le dije que no se confundiera al bizco.
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